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Ciencia Poética

Por: Bennalice Katz



Cuando mezclamos poesía y ciencia, podríamos llegar a generar dos polos opuestos, dos puntos antagónicos, un mundo rígido, racional y uno imaginario pero no irreal, ambos mágicos. Si nos vamos a la etimología de las palabras, la poesía significa “acción, crear” y la ciencia “conocimiento”, la simbiosis de ambas sería entonces “crear conocimientos” y realmente es esto lo que sucede cuando ambas se encuentran, nuestra antigua hipótesis extremista y radical entonces colapsa y se crea una lluvia de ideas interminables, bombardeos de preguntas donde a veces la respuesta es una simple metáfora, un poema, una ilusión, retórica pura. La poesía al igual que la pintura nos da la capacidad de alterar la realidad, darnos la sensación de escape y a la vez de refugio. La ciencia en cambio organiza y calcula ese escape de manera tan natural que a diario nos regimos por leyes físicas y llegamos a actuar por inercia, como quien camina sin sentir los pies.

Empecemos por la sucesión de Fibonacci: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144…



Esta pirámide es la respuesta a muchas de las composiciones existentes en la naturaleza. Aparece de manera asombrosa en la morfología de las hojas, en la distribución de sus nervaduras, la disposición de las ramas y de manera inequívoca en la distribución de las semillas de la Flor del Girasol.




Nuestro cuerpo también está proporcionado de acuerdo a esta regla, un breve ejemplo lo podemos apreciar en nuestras manos, la proporción de nuestros falanges.



La sucesión de Fibonacci está vinculada de manera directa al número áureo, la aplicación de la regla de oro en nuestro universo va desde la concha del caracol hasta la morfología de las galaxias (sí, así de sorprendente). Observemos aquí los datos numéricos, el número áureo representado por la letra griega Φ (Phi) equivale a 1.61803398874989… si dividimos los números de la sucesión de Fibonacci estos van acercándose progresivamente al número áureo:


3/2 = 1.5, 8/5= 1.6, 21/13= 1.6 y así sucesivamente.


Existen innumerables fórmulas y métodos para explicar la naturaleza mediante las matemáticas, Einstein fue uno de los precursores de este planteamiento y con la teoría de la Relatividad abrió el abanico de Ideas para explorar el mundo no sólo de manera tridimensional sino también en una cuarta dimensión que es el tiempo, explotó la burbuja en la cual estábamos encerrados, propuso nuevas ideas y para esto tuvo que negar las mismas que en algún momento para él fueron objeto de admiración, un ejemplo de esto fue la teoría gravitacional de Newton, ya que ésta sólo era aplicable en cuerpos planos.


La Luna, los astros, las galaxias y todo lo que existe es poesía, poesía que tiene principio en fundamentos numéricos y teorías puras. Las manifestaciones astronómicas siempre han sido objeto de contemplación y admiración al ojo humano, constituyen así el origen de la filosofía, ese antiguo ejercicio de contemplar las estrellas, practicado por Sócrates, Platón, Aristóteles, Descartes, Heráclito, Anaxímenes, Anaximandro, Pitágoras, entre otros tantos.

De la observación nace el pensamiento, el eidós y el psiqué, la idea,

es esta la raíz de todas las ciencias y artes existentes.

En fin, todo es ciencia, todo es poesía.

A modo de Posdata,


“Que viva la ciencia, que viva la poesía”. –Drexler, J.



Bennalice Katz © Todos los derechos reservados

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